“La investigación económica no dará votos, pero nos librará de otra burbuja inmobiliaria”. Esta era una de las frases que podía leerse no hace mucho por las calles de Valencia, con motivo de la entrega de los Premios Rey Jaume I de economía.

 

Traigo precisamente a colación la burbuja inmobiliaria porque en los últimos meses ha irrumpido en el debate público la gestación de una burbuja en el mercado de alquiler de vivienda de algunas de las grandes ciudades españolas (principalmente, Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca), así como la necesidad de aplicar las medidas de política económica más adecuadas para contenerla en aras de evitar los excesos cometidos en el pasado reciente, así como las negativas consecuencias que acarreó.