Los afectados no pueden entender la decisión del Tribunal de Cuentas de revocar la condena a Ana Botella

 

En el duermevela de una noche de 2015, tras varias horas dando vueltas en la cama pensando en lo que había sucedido con su piso, por fin, agotada, María Jesús Almena, de 49 años, pudo quedarse dormida. Y lo que soñó fue que Ana Botella, entonces alcaldesa de Madrid, les dejaba desnudos a ella y a su familia. Literalmente. Aquella imagen generada por su mente era el resultado de meses de preocupaciones y desvelos, de no saber qué iba a pasar con su vivienda, con su familia, con su situación.

 

Almena, funcionaria que cobra 1.000 euros al mes, es solo uno de los rostros detrás de las 1.860 viviendas públicas que el Ayuntamiento de Ana Botella vendió al conglomerado Black Stone. “Sentí mucha rabia ayer cuando me contaron que el Tribunal de Cuentas le revoca la condena a Botella por la venta de estos pisos al fondo buitre”.